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miércoles, 4 de enero de 2017

Capítulo 17: La Globalización


Te voy a querer en la distancia.
Te voy a querer desesperada.
Te voy a querer ante la duda,
sin planes y sin mañana.

Y te voy a querer para la vida,
te voy a querer, aunque me escueza,
te voy a querer sobre el Atlántico,
cuando hasta los libros mueran.

Te voy a querer. Porque quiero y quiero.
Porque mi mente se desata, tu sonrisa me ahoga
y tus manos te revelan.

Desde la ventanilla del Airbus te requiero,
(que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero).
Desde la Alhabra y el Generalife,
desde Mi Laguna te quiero.

Soy hija de los 90' y tengo un amor a distancia.

martes, 25 de octubre de 2016

LIFE AS I WANT IT TO BE






 “I learned this, at least, by my experiment: that if one advances confidently 
in the direction of his dreams, and endeavors to live the life which he has 
imagined, he will meet with a success unexpected in common hours.”



Henry's Walden cabin, drawn by Sophia Thoreau
¿Por qué sigo aquí?
Le preguntas a la tarde de lluvia.
NO HAY PROPÓSITO EN LA EVOLUCIÓN.
Tantas veces te has ido para acabar volviendo…
Nadie sabe realmente de qué color pintar la silueta de esa montaña
y te tiras al abismo.

No sabes por qué escribes,
no sabes a quién le escribes.
¿A ti misma?
¿A tu otro yo?
¿A la niña descalza que fuiste?
¿A la que ya coloreaba sin salirse de la raya?

‘Si vuelves a tomar decisiones en contra
de mi voluntad
te disparo’ -
reza el diálogo de tu conciencia.
‘Jamás vuelvas a llamarme para contarme
la frustración,
el vacío,
tu ansiedad por la comida’.

Te despiertas y sientes
que caes sin freno hacia el centro de la Tierra.
Quema.

¿Qué crees que va a pasar el día que decidas escapar
y enfrentarte a tus miedos?

viernes, 25 de marzo de 2016

Noches de flexo y rebeldía


Me interrogo bajo la luz del flexo: '¡¿En qué clase de cobarde te has convertido?!'
Ahora que sé la respuesta, la respuesta me duele. Engañarse es cómodo,
pero el vacío...
Conocer es poder y yo no puedo.
Miedo. Otra vez y como siempre.


Miedo a mi cuerpo,
miedo a no saber controlar mi mente,
miedo a las expectativas y a las opiniones.
Miedo a la pobreza y a las enfermedades
y a la contaminación y a la comida
y a las violaciones
y a la soledad.
A que no me quieran y a romper moldes y a dejar de depilarme.

Miedo a quererte demasiado
o más de lo que tú me quieres
y a decir lo que genuinamente pienso
y a donar sangre y a la declaración de la renta y a no cotizar lo suficiente.
Y miedo a mi CV y al de los demás,
a las estufas y a las estafas,
al calor del Sur en verano y a mi genética.

Miedo a no tener hijos y a tenerlos,
a la riqueza,
a que descubran que realmente no sé nada de nada,
miedo a quedarme en blanco en el examen,
a acabar la Carrera y a no acabarla.
Miedo a las muchedumbres,
a la policía, a los atascos, al ejército y a las armas.

Miedo a resignarme.
A que acabes por quererme;
a que me olvides o a que me descubras y se lo cuentes a todos riéndote.
Miedo a la libertad. Tanto si existe como si no existe.


lunes, 3 de marzo de 2014

Para que vuelvas.


Ahora que ya empiezas a alejarte.
Justo ahora apareces de nuevo.
¿Por qué te contradices? Pienso.
No siempre vas a llegarme por tus manos,
aunque quizá sean eternas.
Hay demasiados cuerpos infinitos,
pero ni el tuyo ni el mío.

Mientras te distancias sigues cerca.
Peligrosamente.
Cualquier bus puede llevarme a tu casa
y enseñarme dónde duermes.
Voy a arrastrarte a otro callejón oscuro
cualquier noche.
Puedo arrancarte un pelo
y hacer con él ingeniería genética.
Con tu permiso
y un poco más de tiempo.

Quiero.
Tirar al mar todos tus anillos.
Verlos hundirse.
Arañar. Gritarte.

domingo, 2 de marzo de 2014

Amor a quemarropa y contralógica. La vida al viento.


Y las palabras claritas y la sintaxis sencilla
para que se entere
de que aquí nadie se compromete,
de que aquí nadie arriesga el todo por el todo,
de que aquí la zona de confort no se juega a los dados
ni a las lenguas
ni a los cerebros efervescentes
ni a las manos.

Que se entere de que aquí nadie busca mujeres tigrefláuticas,
mujeres ojerosas,
vasodilatadoras,
que huelen las naranjas que tienes detrás de las orejas.

De que aquí yo no quiero
verdades incontrolables,
puños que se levanten más allá del tejado,
ni rayos que se reflejen fuera de mi ventana.

Nadie apuesta su cabellera
más allá de estas siete paredes
por los pulmones rosados
de una mujer de mercurio
que resbala y se reagrupa
sobre cualquier superficie;
que se achica y ablanda
por la gravedad más despreciable.

Ni una sola persona da un duro
por otra sherpa lunática,
gravitatoria,
azulada,
marina,

descontrolada.

domingo, 23 de febrero de 2014

No es el amor una forma cualquiera de autodestruirse.


Era aquel con el que el colegueo va al infinito
y quise saber si sabía a tigre.
Decidió la diplomacia
y que el tiempo ponga las cosas en su sitio.

Pero con sitio y tiempo en la misma frase
sólo sé escribir velocidad,
y yo ese cromo ya lo tengo.
Y además el tiempo 
ni tiene manos
ni le pone a nadie.

Así acaba la historia 
del chico rojo
y el porro en alto.

Ahora que alguien me diga qué hago
con mis cinco litros de sangre,
esa cosa,
cuánto tiempo hace falta
para que se derrita.



Un día de estos prometo que voy a dejar de hacer el moñas.


Estoy cansada de escribir siempre sobre las mismas mierdas y no aprender nada a cambio. De salir de clase pensando que la siesta ha estado bien pero que qué puta pérdida de tiempo. De automotivarme.

Estoy cansada ya del jodido aguante (escucha la última canción de Calle 13, por favor) y de pasar tantas horas con gente que no daría un duro por ti. Quiero quemarme con quien sea. Prefiero el escozor de después a quedarme con las ganas.



Estoy cansada ya de hacer el gilipollas y de creerme que todos son como a mí me gustaría que fueran. De darme cuenta de que  no hay una mierda donde yo creía que había algo. De que se me caigan los castillos que construyo porque llega el lobo y me los revienta. De tener que seguir viendo al lobo. No aprendo.

Estoy harta de cagarla y de tener ganas de desaparecer (tierratrágameporfita). De interpretar las miradas como me da la puta gana. Recojo mi dignidad del suelo aunque a alguno ya no podré volver a mirarle a la cara (al lobo, por ejemplo). Recojo mi dignidad del suelo. Chau. Me cambio de bar; me voy a bailar con otra gente.

Y la mierda puede llegar con una sola frase. En cinco segundos. Y se me queda cara de idiota y encima me vienen con 'poretica, yo no quería decir eso'.

Recojo mi dignidad del suelo. Chau. Os veo en la próxima copa, en la siguiente canción, en el próximo domingo de sol. 

jueves, 20 de febrero de 2014

Explotar.


Teatro.
Como la mina misma.
En pocos segundos
tantos muertos a quién le sirven.
En demasiada dinamita
estos cuerpos dónde los enterramos.
Con quién vivían.
A quién lloramos.

Cuadrilla de mineros en La Unión, Cartagena.


lunes, 17 de febrero de 2014

De cómo sembrar el miedo.


A veces me acojono con razón y pienso que un pequeño paso nos separa de una dictadura. Me asusta que haya tantos jóvenes que piensen así y se identifiquen con esto.
Creen que la censura es buena, quieren impedir que pensemos y que hagamos política.
Combaten con violencia la libertad de expresión ('La violencia es el miedo a los ideales de los demás').
Se declaran en contra de la politización de la universidad, pero ellos son la primera organización fascista (recordemos que el fascismo es una corriente política e ideológica).

Me acojono con razón cuando descubro que estos grupos nazis camuflan su verdadera identidad bajo manifiestos en los que incluyen las palabras 'progreso' o 'República'. Me acuerdo de Julio Anguita, que aboga por  sentar las bases de una República de izquierdas con valores bien definidos antes de que desde Europa nos impongan una República liberal. O peor: antes de que llegue una pseudoRepública fascista.

A veces me alivia un poco pensar que estas acciones son aisladas, que el grueso de la población pasa de todo esto, que todo el mundo sale por pies cuando aparecen especímenes semejantes.

Pero con razón me acojono: la pasividad puede dar lugar a un auge de la ultraderecha, como venimos observando en distintos países europeos.

Que nadie piense que reniego del pacifismo. Hay miles de formas de actuar.





'Casi todo lo que haga será insignificante, pero es muy importante que lo haga' 
M. Gandhi.


I got life


'El Estado no se enfrenta nunca intencionadamente contra el sentido del hombre, intelectual o moral, sino contra su cuerpo, contra sus sentidos. No se arma de honestidad o de ingenio superior, sino de mayor fuerza física. Pero yo no he nacido para ser violentado. Y respiraré a mi aire; veremos quién en más fuerte'.

H. D. Thoreau, La desobediencia civil.


domingo, 16 de febrero de 2014

Hundirnos.


Qué queréis hacer, pero hacer de verdad qué
queremos
con toda nuestra insaciedad y hasta mancharnos
hundirnos
y seguir escarvando
qué queremos
decid algo gritad
alguien
que el nombre de este dolor no se escribirá en vano,
que servirá aunque sólo sea para secar una gota de sudor en la próxima guerra,
sea esta el pan o el amor, el pecado o la sangre.

Pero que sea.

Escandar Algeet, otro neorrabioso.


Que somos la generación mejor preparada, dicen.
Que si la generación del botellón, dicen.
Ni-nis y de la era de la tecnología.

Pero ni lo uno ni lo otro:
otra generación más,
ni más ni menos revolucionaria,
ni más ni menos inteligente,
ni más ni menos de derechas.

No tenemos ninguna idea clara,
ni nos importa,
queremos sobrevivir, vivir, ir
a todas partes y a ninguna.
Aprender la felicidad en el borde mismo del abismo.
Gritar y negarlo todo.
Hundirnos.




martes, 19 de noviembre de 2013

Guardaba preguntas dentro.


Ahora sí. Ahora ya sí que estaba resignada a observar el paso de los días desde la barrera. Se había acostumbrado tanto a la rutina, tan profundamente, que la rutina se le había metido en las pequeñas cavidades que quedan dentro de los huesos, estaba dentro de sus órganos huecos. Nada le sorprendía: ni los huracanes, ni las muertes, ni el hambre, ni las manifestaciones, ni los besos, ni los monos, ni los disfraces. Observaba indiferente el paso de los días. No se paraba a pensar en lo elegantes que resultaban las manos de Isaac cuando pasaba las páginas de los libros o cuando cocinada algo sencillo para cenar. Comía sin gracia, sin avaricia, sin prisa y sin ganas. A veces ni siquiera comía. Él tenía que recordarle muchas veces que había que hacer la compra, porque la nevera temblaba y hacía eco. Podía pasar días enteros leyendo y no sacar ni una sola conclusión de aquellos libros gordos o flacos, pero siempre de encuadernación barata, que poblaban su mesilla. Su mesilla era un bosque, su cabeza era un bosque, sus ojos eran un bosque durante aquellos meses. Hablar con ella era como intentar hacerse paso en ese bosque: uno se cansaba antes de llegar al final de la primera frase. Al principio ella divagaba sin parar aunque sabía que no la escuchaban. Luego dejó de hablar.

Una tarde de niebla, Isaac volvió a la casa y se la encontró desmayada en la salita. Había un pequeño charco de sangre espesa y una aguja en el suelo. Su boca había quedado a medio coser. Parece que por fin había encontrado la respuesta.

martes, 12 de noviembre de 2013

Comer o ser comido.





Leí en L'Express que hay quien piensa que casarse por la Iglesia da cierta solidez al matrimonio. Y que en las parejas mixtas la forma de cocinar los alimentos es uno de los principales temas de discusión.

Me di cuenta de que lo menos importante ES lo importante.
Me di cuenta de que el estomago es importante.
De que nos gusta comer.
Y que nos coman. O no.

Quién sabe.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Tenían 20 años y estaban locos


Sabes que ese domingo íbamos a por todas
que el café estaba rico, pero sólo era una excusa,
y yo no podía creerme que me estuviera encontrando, por segunda vez en 2 días,
con la enfermedad (esa que sale de las bocas).

Y si andamos tanto fue porque yo no pensaba
(¿tú pensabas?)
que otra vez volvería a coger el tren
sin llevarme nada a cambio.

Ni siquiera perseguimos a nadie a escondidas por Atocha,
ni siquiera llegué a contarte toda la verdad.
Línea 9 y a casa.

¿Por qué hemos tardado tanto?
Quiero saber ya por qué coño nos hacemos viejos.
Cada domingo.



domingo, 9 de junio de 2013

¿Quiere la verdad?



La verdad es que anoche entramos en un bar donde no había sitio para nosotros. Conocíamos a la saxofonista y eso era todo. Y volví a casa pronto y esta mañana me ha despertado el ruido de la puerta de mi casa al cerrarse. Y otra vez me he visto tirada en el sofá haciendo planes de futuro, los mismos que hice ayer y en los que no entraba el sillonball de hoy.

domingo, 21 de abril de 2013

Uno.

Uno se da cuenta poco a poco. Le parece que solo hace lo que toca. En el momento oportuno y el lugar exacto.
Y decide empezar a ser honesto consigo mismo; al fin y al cabo se lo debe. Uno ve que aquello que estaba viviendo y que casi olvida se parecía a su vida: era su vida.

Es entonces cuando se comienza a mirar a las personas para saber qué las hace felices, para llegar a saber algún día cuál es la fuerza que mueve el mundo, para poder mover el mundo algún día con las propias manos.

Uno busca la fuerza que tiene dentro y que quizás - quién no tiene ese temor- ya ha perdido. Y uno solo quiere que la búsqueda, la naturaleza, el mundo o la mirada le devuelva la fuerza.

Nos hacíamos viejos y solo yo lo sabía

Esa noche alguien cumplía años.
Pero lo importante fue solo la conversación. Había gente que emigraba. Tenían diecinueve años y emigraban y no les daba vértigo. Bueno, quizá sí, un poco. Pero no podían admitirlo ahora.