Y las palabras claritas y la sintaxis sencilla
para que se entere
de que aquí nadie se compromete,
de que aquí nadie arriesga el todo por el todo,
de que aquí la zona de confort no se juega a los dados
ni a las lenguas
ni a los cerebros efervescentes
ni a las manos.
Que se entere de que aquí nadie busca mujeres
tigrefláuticas,
mujeres ojerosas,
vasodilatadoras,
que huelen las naranjas que tienes detrás de las
orejas.
De que aquí yo no quiero
verdades incontrolables,
puños que se levanten más allá del tejado,
ni rayos que se reflejen fuera de mi ventana.
Nadie apuesta su cabellera
más allá de estas siete paredes
por los pulmones rosados
de una mujer de mercurio
que resbala y se reagrupa
sobre cualquier superficie;
que se achica y ablanda
por la gravedad más despreciable.
Ni una sola persona da un duro
por otra sherpa lunática,
gravitatoria,
azulada,
marina,
descontrolada.
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