Estoy cansada de escribir siempre sobre las mismas mierdas y no aprender nada a cambio. De
salir de clase pensando que la siesta ha estado
bien pero que qué puta pérdida de tiempo. De automotivarme.
Estoy cansada ya del jodido aguante (escucha la última
canción de Calle 13, por favor) y de pasar tantas horas con gente que no daría
un duro por ti. Quiero quemarme con quien sea. Prefiero el escozor de después a quedarme con las ganas.
Estoy cansada ya de hacer el gilipollas y de creerme que todos son como a mí me gustaría que fueran. De darme cuenta de que no hay una mierda donde yo creía que había algo. De que se me caigan los castillos que construyo porque llega el lobo y me los revienta. De tener que seguir viendo al lobo. No aprendo.
Estoy harta de cagarla y de tener ganas de desaparecer (tierratrágameporfita). De interpretar las miradas como me da la puta gana. Recojo mi dignidad del suelo aunque a alguno ya no podré volver a
mirarle a la cara (al lobo, por ejemplo). Recojo mi dignidad del suelo. Chau. Me cambio de bar; me voy
a bailar con otra gente.
Y la mierda puede llegar con una sola frase. En cinco segundos. Y se me queda cara de idiota y encima me vienen con 'poretica, yo no quería decir eso'.
Recojo mi dignidad del suelo. Chau. Os veo en la próxima
copa, en la siguiente canción, en el próximo domingo de sol.
Teatro.
Como la mina misma.
En pocos segundos
tantos muertos a quién le sirven.
En demasiada dinamita
estos cuerpos dónde los enterramos.
Con quién vivían.
A quién lloramos.
Ni siquiera tú podrías cortar las alas. Me crecen poco a
poco pero fuertemente, a través de la piel. Duele y sangra. Son increíbles e
indestructibles, posiblemente de plata inoxidable o acero tóxico o mercurio.
Ni siquiera tú eres capaz de cargarte las aletas. Fulminantes;
veloces; llenas de gritos y a veces agua. Pura, cristalina, destilada, fuerte.
Ni siquiera tú puedes cerrar(les) los ojos. Se llenan de
lágrimas fluidas, pesadas, resistentes, densas. Se acumulan en las esquinas y
observan imperturbables.
Ni siquiera tú puedes arriar las velas. Se mueven por culpa
de un viento demasiado fuerte. Ciclogénesis explosiva; desgracias. No puedes impedir que una barca, movida por músculos
humanos, siga a la deriva.
A veces me acojono con razón y pienso que un pequeño paso nos separa de una dictadura. Me asusta que haya tantos jóvenes que piensen así y se identifiquen con esto.
Creen que la censura es buena, quieren impedir que pensemos y que hagamos política.
Combaten con violencia la libertad de expresión ('La violencia es el miedo a los ideales de los demás').
Se declaran en contra de la politización de la universidad, pero ellos son la primera organización fascista (recordemos que el fascismo es una corriente política e ideológica).
Me acojono con razón cuando descubro que estos grupos nazis camuflan su verdadera identidad bajo manifiestos en los que incluyen las palabras 'progreso' o 'República'. Me acuerdo de Julio Anguita, que aboga por sentar las bases de una República de izquierdas con valores bien definidos antes de que desde Europa nos impongan una República liberal. O peor: antes de que llegue una pseudoRepública fascista.
A veces me alivia un poco pensar que estas acciones son aisladas, que el grueso de la población pasa de todo esto, que todo el mundo sale por pies cuando aparecen especímenes semejantes.
Pero con razón me acojono: la pasividad puede dar lugar a un auge de la ultraderecha, como venimos observando en distintos países europeos.
Que nadie piense que reniego del pacifismo. Hay miles de formas de actuar.
'Casi todo lo que haga será insignificante, pero es muy importante que lo haga'
'El Estado no se enfrenta nunca intencionadamente contra el sentido del hombre, intelectual o moral, sino contra su cuerpo, contra sus sentidos. No se arma de honestidad o de ingenio superior, sino de mayor fuerza física. Pero yo no he nacido para ser violentado. Y respiraré a mi aire; veremos quién en más fuerte'.
Hoy es uno de esos días
en los que la digestión del anterior no me deja seguir adelante.
Días de esos en los que lo recuerdos de ayer te hacen sonreir continuamente
y se te pasa la mañana
y tú como un tonto delante de los apuntes
y el infinito mirándote directamente a los ojos.
El folio en blanco te interroga,
pero no crees deberle explicación alguna.
'Es que ayer las personas, el tiempo, los autobuses y la vida salieron bien sin que yo lo esperara'
le confiesas finalmente.
'Déjame respirar,
esto es la vida
y tengo muy pocos años
antes de que me invada la burocracia'.
A veces 200 palabras no dan para mucho y parece que lo único que importaba hace unos días ya no es importante. Reivindico el derecho a cambiar a cada instante, a crear escenas nuevas en cada momento de esta nuestra vida.