martes, 10 de junio de 2025

Mirar el valle con los ojos limpios de la mañana

 

Hace ya 10 años de aquello.

Intentaré describirlo:

había una roulotte aparcada en el valle,

había té con hierbabuena fresca

y una cascada para ducharse.

Intentaré ser objetiva

(nunca jamás lo he conseguido):

Hablábamos poco y nos mirábamos mucho

a los ojos.

Negaré la evidencia:

nadie condujo fumado por la carretera de Miraflores.

 

Ojalá escaparme un minuto

y volver a esa libertad de mis 20,

pero sin huir del error ni del desastre

(eternos compañeros).

 

Pedirte que no te cortes el pelo,

ni yo quitarme los piercings sólo porque fui madre;

no dejarnos doblegar

por este Madrid que tanto estrecha los caminos.

 

Qué difícil es el equilibrio.

domingo, 11 de noviembre de 2018

Caminar


Yo leía a poetas que hablaban de la miseria.
A veces dormía en las 3000 viviendas. Cerro Amate. Sevilla.
Tú hablabas de la clase obrera y de mis privilegios.

(Mundos paralelos. Surrealismo)

Desde que estábamos juntos yo siempre tenía prisa,
vivía esperando un futuro que nunca llega
y no escuchaba lo que me susurraban las baldosas.

Luego renuncié, sabia,
acabé en nada y me quedé tranquila.
Y ahora solo fluyo, camino,
y ya nunca me olvido de las aceras.

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sábado, 11 de noviembre de 2017

El llanto


‘Nadie rebaje a lágrima o reproche 
esta declaración de la maestría de Dios, 
que con magnífica ironía 
me dio a la vez los libros y la noche,’

Cómo encontrar a alguien a quien contarle
que el llanto solo sale de mi cuerpo
cuando la luz se acaba.

Todas estas ciudades que recorro
y en las que finjo que vivo
son solo escenarios de hielo
y ninguna será nunca mi casa.

Mi casa sigue en las voces de mis padres,
en la cuesta abajo hacia el Mar de mi infancia.

Mis ojos mienten.
(El llanto.)
Mis ojos se desbordan.
(El llanto.)
Mis ojos se deshacen
recordando esa hija que no tuve,
viéndote alejarte en esta mañana de domingo,
quedándome los secretos justo un poco más adentro,
donde no me aprieten.

La tarta de cumpleaños no va a tapar el agujero
(la oreja todavía me sangra).
Mi llanto es un río que se desborda
para revertir la sequía
de este otoño que no esquivo.

miércoles, 4 de enero de 2017

Capítulo 17: La Globalización


Te voy a querer en la distancia.
Te voy a querer desesperada.
Te voy a querer ante la duda,
sin planes y sin mañana.

Y te voy a querer para la vida,
te voy a querer, aunque me escueza,
te voy a querer sobre el Atlántico,
cuando hasta los libros mueran.

Te voy a querer. Porque quiero y quiero.
Porque mi mente se desata, tu sonrisa me ahoga
y tus manos te revelan.

Desde la ventanilla del Airbus te requiero,
(que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero).
Desde la Alhabra y el Generalife,
desde Mi Laguna te quiero.

Soy hija de los 90' y tengo un amor a distancia.

martes, 25 de octubre de 2016

LIFE AS I WANT IT TO BE






 “I learned this, at least, by my experiment: that if one advances confidently 
in the direction of his dreams, and endeavors to live the life which he has 
imagined, he will meet with a success unexpected in common hours.”



Henry's Walden cabin, drawn by Sophia Thoreau
¿Por qué sigo aquí?
Le preguntas a la tarde de lluvia.
NO HAY PROPÓSITO EN LA EVOLUCIÓN.
Tantas veces te has ido para acabar volviendo…
Nadie sabe realmente de qué color pintar la silueta de esa montaña
y te tiras al abismo.

No sabes por qué escribes,
no sabes a quién le escribes.
¿A ti misma?
¿A tu otro yo?
¿A la niña descalza que fuiste?
¿A la que ya coloreaba sin salirse de la raya?

‘Si vuelves a tomar decisiones en contra
de mi voluntad
te disparo’ -
reza el diálogo de tu conciencia.
‘Jamás vuelvas a llamarme para contarme
la frustración,
el vacío,
tu ansiedad por la comida’.

Te despiertas y sientes
que caes sin freno hacia el centro de la Tierra.
Quema.

¿Qué crees que va a pasar el día que decidas escapar
y enfrentarte a tus miedos?

viernes, 25 de marzo de 2016

Noches de flexo y rebeldía


Me interrogo bajo la luz del flexo: '¡¿En qué clase de cobarde te has convertido?!'
Ahora que sé la respuesta, la respuesta me duele. Engañarse es cómodo,
pero el vacío...
Conocer es poder y yo no puedo.
Miedo. Otra vez y como siempre.


Miedo a mi cuerpo,
miedo a no saber controlar mi mente,
miedo a las expectativas y a las opiniones.
Miedo a la pobreza y a las enfermedades
y a la contaminación y a la comida
y a las violaciones
y a la soledad.
A que no me quieran y a romper moldes y a dejar de depilarme.

Miedo a quererte demasiado
o más de lo que tú me quieres
y a decir lo que genuinamente pienso
y a donar sangre y a la declaración de la renta y a no cotizar lo suficiente.
Y miedo a mi CV y al de los demás,
a las estufas y a las estafas,
al calor del Sur en verano y a mi genética.

Miedo a no tener hijos y a tenerlos,
a la riqueza,
a que descubran que realmente no sé nada de nada,
miedo a quedarme en blanco en el examen,
a acabar la Carrera y a no acabarla.
Miedo a las muchedumbres,
a la policía, a los atascos, al ejército y a las armas.

Miedo a resignarme.
A que acabes por quererme;
a que me olvides o a que me descubras y se lo cuentes a todos riéndote.
Miedo a la libertad. Tanto si existe como si no existe.


jueves, 8 de octubre de 2015

La rutina mema

‘Es que estoy contándole mi vida a los dos extraños que más me conocieron y han desaparecido las barreras’. Muerto el perro, Carlos Salem.

Fui a Holanda
porque había soñado varias veces
con un
‘No te vayas nunca’
Hollywoodiano de esos.

Follamos en tu cama
porque no te quedó más remedio
y yo pensaba…

Volví a Madrid y
la rutina mema
taba
y no podía creer que Boston
siguiera existiendo.
Y no podía creer que
los canales siguieran
llevando agua.

Me construí una armadura
para olvidar que
el tiempo me arruga,
te arruga,
nos da por culo.
Me puse una máscara
que me ayude a fingir la sonrisa
cuando dentro de treinta años
sigamos sin apostar por nadie.

Me creí unas cuantas de mis propias
mentiras
que hacen más llevaderas
los recuerdos del agua
y de Miami.

Me borré unas cuantas calles
de esas que andábamos los viernes por la tarde
sin rumbo
ni planes moernos;
sin vodka
pero con bicis y pianos.

Olvidé tus manos a posta.
Pero no olvidé tus manos.

A mitad de marzo llovía en la Complutense
y la metralla de la Guerra Civil todavía puede verse en la Facultad de Medicina.
A mitad de marzo se hizo de noche a las ocho
y tus manos me tocaban en el párking.


Y no estabas.