Sabes que ese domingo íbamos a por todas
que el café estaba rico, pero sólo era una excusa,
y yo no podía creerme que me estuviera encontrando, por segunda vez en 2 días,
con la enfermedad (esa que sale de las bocas).
Y si andamos tanto fue porque yo no pensaba
(¿tú pensabas?)
que otra vez volvería a coger el tren
sin llevarme nada a cambio.
Ni siquiera perseguimos a nadie a escondidas por Atocha,
ni siquiera llegué a contarte toda la verdad.
Línea 9 y a casa.
¿Por qué hemos tardado tanto?
Quiero saber ya por qué coño nos hacemos viejos.
Cada domingo.
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