Uno se da cuenta poco a poco. Le parece que solo hace lo que toca. En el momento oportuno y el lugar exacto.
Y decide empezar a ser honesto consigo mismo; al fin y al cabo se lo debe. Uno ve que aquello que estaba viviendo y que casi olvida se parecía a su vida: era su vida.
Es entonces cuando se comienza a mirar a las personas para saber qué las hace felices, para llegar a saber algún día cuál es la fuerza que mueve el mundo, para poder mover el mundo algún día con las propias manos.
Uno busca la fuerza que tiene dentro y que quizás - quién no tiene ese temor- ya ha perdido. Y uno solo quiere que la búsqueda, la naturaleza, el mundo o la mirada le devuelva la fuerza.
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