Hace ya 10 años de aquello.
Intentaré describirlo:
había una roulotte aparcada en el valle,
había té con hierbabuena fresca
y una cascada para ducharse.
Intentaré ser objetiva
(nunca jamás lo he conseguido):
Hablábamos poco y nos mirábamos mucho
a los ojos.
Negaré la evidencia:
nadie condujo fumado por la carretera de Miraflores.
Ojalá escaparme un minuto
y volver a esa libertad de mis 20,
pero sin huir del error ni del desastre
(eternos compañeros).
Pedirte que no te cortes el pelo,
ni yo quitarme los piercings sólo porque fui madre;
no dejarnos doblegar
por este Madrid que tanto estrecha los caminos.
Qué difícil es el equilibrio.



