viernes, 25 de marzo de 2016

Noches de flexo y rebeldía


Me interrogo bajo la luz del flexo: '¡¿En qué clase de cobarde te has convertido?!'
Ahora que sé la respuesta, la respuesta me duele. Engañarse es cómodo,
pero el vacío...
Conocer es poder y yo no puedo.
Miedo. Otra vez y como siempre.


Miedo a mi cuerpo,
miedo a no saber controlar mi mente,
miedo a las expectativas y a las opiniones.
Miedo a la pobreza y a las enfermedades
y a la contaminación y a la comida
y a las violaciones
y a la soledad.
A que no me quieran y a romper moldes y a dejar de depilarme.

Miedo a quererte demasiado
o más de lo que tú me quieres
y a decir lo que genuinamente pienso
y a donar sangre y a la declaración de la renta y a no cotizar lo suficiente.
Y miedo a mi CV y al de los demás,
a las estufas y a las estafas,
al calor del Sur en verano y a mi genética.

Miedo a no tener hijos y a tenerlos,
a la riqueza,
a que descubran que realmente no sé nada de nada,
miedo a quedarme en blanco en el examen,
a acabar la Carrera y a no acabarla.
Miedo a las muchedumbres,
a la policía, a los atascos, al ejército y a las armas.

Miedo a resignarme.
A que acabes por quererme;
a que me olvides o a que me descubras y se lo cuentes a todos riéndote.
Miedo a la libertad. Tanto si existe como si no existe.


jueves, 8 de octubre de 2015

La rutina mema

‘Es que estoy contándole mi vida a los dos extraños que más me conocieron y han desaparecido las barreras’. Muerto el perro, Carlos Salem.

Fui a Holanda
porque había soñado varias veces
con un
‘No te vayas nunca’
Hollywoodiano de esos.

Follamos en tu cama
porque no te quedó más remedio
y yo pensaba…

Volví a Madrid y
la rutina mema
taba
y no podía creer que Boston
siguiera existiendo.
Y no podía creer que
los canales siguieran
llevando agua.

Me construí una armadura
para olvidar que
el tiempo me arruga,
te arruga,
nos da por culo.
Me puse una máscara
que me ayude a fingir la sonrisa
cuando dentro de treinta años
sigamos sin apostar por nadie.

Me creí unas cuantas de mis propias
mentiras
que hacen más llevaderas
los recuerdos del agua
y de Miami.

Me borré unas cuantas calles
de esas que andábamos los viernes por la tarde
sin rumbo
ni planes moernos;
sin vodka
pero con bicis y pianos.

Olvidé tus manos a posta.
Pero no olvidé tus manos.

A mitad de marzo llovía en la Complutense
y la metralla de la Guerra Civil todavía puede verse en la Facultad de Medicina.
A mitad de marzo se hizo de noche a las ocho
y tus manos me tocaban en el párking.


Y no estabas.

sábado, 13 de junio de 2015

El Carmolí: Fallecimiento

El Carmolí: Fallecimiento: El pasado miércoles, 3 de junio del corriente, ha fallecido en Murcia nuestra vecina MARÍA ALICIA MONTEAGUDO ROS, de la calle Monte Teide Nº...

lunes, 3 de marzo de 2014

Para que vuelvas.


Ahora que ya empiezas a alejarte.
Justo ahora apareces de nuevo.
¿Por qué te contradices? Pienso.
No siempre vas a llegarme por tus manos,
aunque quizá sean eternas.
Hay demasiados cuerpos infinitos,
pero ni el tuyo ni el mío.

Mientras te distancias sigues cerca.
Peligrosamente.
Cualquier bus puede llevarme a tu casa
y enseñarme dónde duermes.
Voy a arrastrarte a otro callejón oscuro
cualquier noche.
Puedo arrancarte un pelo
y hacer con él ingeniería genética.
Con tu permiso
y un poco más de tiempo.

Quiero.
Tirar al mar todos tus anillos.
Verlos hundirse.
Arañar. Gritarte.

domingo, 2 de marzo de 2014

Amor a quemarropa y contralógica. La vida al viento.


Y las palabras claritas y la sintaxis sencilla
para que se entere
de que aquí nadie se compromete,
de que aquí nadie arriesga el todo por el todo,
de que aquí la zona de confort no se juega a los dados
ni a las lenguas
ni a los cerebros efervescentes
ni a las manos.

Que se entere de que aquí nadie busca mujeres tigrefláuticas,
mujeres ojerosas,
vasodilatadoras,
que huelen las naranjas que tienes detrás de las orejas.

De que aquí yo no quiero
verdades incontrolables,
puños que se levanten más allá del tejado,
ni rayos que se reflejen fuera de mi ventana.

Nadie apuesta su cabellera
más allá de estas siete paredes
por los pulmones rosados
de una mujer de mercurio
que resbala y se reagrupa
sobre cualquier superficie;
que se achica y ablanda
por la gravedad más despreciable.

Ni una sola persona da un duro
por otra sherpa lunática,
gravitatoria,
azulada,
marina,

descontrolada.

domingo, 23 de febrero de 2014

No es el amor una forma cualquiera de autodestruirse.


Era aquel con el que el colegueo va al infinito
y quise saber si sabía a tigre.
Decidió la diplomacia
y que el tiempo ponga las cosas en su sitio.

Pero con sitio y tiempo en la misma frase
sólo sé escribir velocidad,
y yo ese cromo ya lo tengo.
Y además el tiempo 
ni tiene manos
ni le pone a nadie.

Así acaba la historia 
del chico rojo
y el porro en alto.

Ahora que alguien me diga qué hago
con mis cinco litros de sangre,
esa cosa,
cuánto tiempo hace falta
para que se derrita.



Un día de estos prometo que voy a dejar de hacer el moñas.


Estoy cansada de escribir siempre sobre las mismas mierdas y no aprender nada a cambio. De salir de clase pensando que la siesta ha estado bien pero que qué puta pérdida de tiempo. De automotivarme.

Estoy cansada ya del jodido aguante (escucha la última canción de Calle 13, por favor) y de pasar tantas horas con gente que no daría un duro por ti. Quiero quemarme con quien sea. Prefiero el escozor de después a quedarme con las ganas.



Estoy cansada ya de hacer el gilipollas y de creerme que todos son como a mí me gustaría que fueran. De darme cuenta de que  no hay una mierda donde yo creía que había algo. De que se me caigan los castillos que construyo porque llega el lobo y me los revienta. De tener que seguir viendo al lobo. No aprendo.

Estoy harta de cagarla y de tener ganas de desaparecer (tierratrágameporfita). De interpretar las miradas como me da la puta gana. Recojo mi dignidad del suelo aunque a alguno ya no podré volver a mirarle a la cara (al lobo, por ejemplo). Recojo mi dignidad del suelo. Chau. Me cambio de bar; me voy a bailar con otra gente.

Y la mierda puede llegar con una sola frase. En cinco segundos. Y se me queda cara de idiota y encima me vienen con 'poretica, yo no quería decir eso'.

Recojo mi dignidad del suelo. Chau. Os veo en la próxima copa, en la siguiente canción, en el próximo domingo de sol.