‘Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría de Dios,
que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche,’
que el llanto solo sale de mi cuerpo
cuando la luz se acaba.
Todas estas ciudades que recorro
y en las que finjo que vivo
son solo escenarios de hielo
y ninguna será nunca mi casa.
Mi casa sigue en las voces de mis padres,
en la cuesta abajo hacia el Mar de mi infancia.
Mis ojos mienten.
(El llanto.)
Mis ojos se desbordan.
(El llanto.)
Mis ojos se deshacen
recordando esa hija que no tuve,
viéndote alejarte en esta mañana de domingo,
quedándome los secretos justo un poco más adentro,
donde no me aprieten.
La tarta de cumpleaños no va a tapar el agujero
(la oreja todavía me sangra).
Mi llanto es un río que se desborda
para revertir la sequía
de este otoño que no esquivo.
