domingo, 21 de abril de 2013

Uno.

Uno se da cuenta poco a poco. Le parece que solo hace lo que toca. En el momento oportuno y el lugar exacto.
Y decide empezar a ser honesto consigo mismo; al fin y al cabo se lo debe. Uno ve que aquello que estaba viviendo y que casi olvida se parecía a su vida: era su vida.

Es entonces cuando se comienza a mirar a las personas para saber qué las hace felices, para llegar a saber algún día cuál es la fuerza que mueve el mundo, para poder mover el mundo algún día con las propias manos.

Uno busca la fuerza que tiene dentro y que quizás - quién no tiene ese temor- ya ha perdido. Y uno solo quiere que la búsqueda, la naturaleza, el mundo o la mirada le devuelva la fuerza.

Nos hacíamos viejos y solo yo lo sabía

Esa noche alguien cumplía años.
Pero lo importante fue solo la conversación. Había gente que emigraba. Tenían diecinueve años y emigraban y no les daba vértigo. Bueno, quizá sí, un poco. Pero no podían admitirlo ahora.